Llafranc conserva el encanto de las villas marineras de los
años 60. Pasear por sus calles y jardines que bordean el litoral es uno de
los mayores placeres con los que podemos obsequiar a nuestros ojos.
Llafranc es un núcleo tranquilo sobretodo por la noche, donde los
principales bares y restaurantes del paseo marítimo aglutinan toda la
oferta. Recomendada es la visita al Cabo de Sant Sebastià , el perfecto
mirador de Calella de Palafrugell y Llafranc. Una estrecha
carretera que sale de la que une Palafrugell con Tamariu nos conduce hasta
él. Se trata de uno de los faros más potentes de esta zona del litoral
Mediterráneo. La antigua hospedería que hay junto a la ermita se ha
convertido en un prestigioso alojamiento y restaurante digno de ser
visitado; alrededor de ambos edificios se ha establecido una ruta
denominada Josep Pla, desde la cual se puede disfrutar de los maravillosos
paisajes de este enclave.
Frente a la punta del Pinell, a una media milla de la costa, se
encuentran els Ullastres, tres promontorios submarinos que descienden 50
metros en vertical, ideales para la práctica de la inmersión con
escafandra autónoma. Ni que decir tiene que desde aquí recomendamos el
Restaurante El Far, en el Cabo de San Sebastià donde la fideua con
butifarra negra y los erizos de mar alcanzan la máxima dimensión.